Japón, día 1: La aventura comienza en Kyoto

Japón, día 1: La aventura comienza en Kyoto

Después de tantos preparativos para nuestro gran viaje a Japón, la espera había sido larga, hacía 6 meses que compramos los billetes de avión. El día anterior nos lo pasamos haciendo los preparativos y los nervios se iban acumulando a medida que se acercaba el momento.

¡Por fin había llegado la hora de irnos!

Desde Madrid al aeropuerto de Kansai (Osaka)

Volamos un lunes desde la T4 del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas con Finnair. Fueron 2 vuelos con una escala de unas dos horas en Helsinki y el precio del vuelo de ida nos salió bastante barato como ya os comentamos en Viajar a Japón: Billetes de avión y alojamiento.

El vuelo a Helsinki duró 4h y para llegar a Osaka fueron otras 9h30min aproximadamente. Básicamente salimos de Madrid un lunes a las 10 de la mañana y llegamos un martes a las 9h al aeropuerto de Kansai (Osaka). Como si hubiéramos viajado en el tiempo!!

¿Qué nos pareció lo mejor del vuelo?

La atención por parte de los azafatos. Puedes pedir bebidas durante todo el viaje y te dan varias comidas durante el vuelo. A nosotros la comida nos pareció que estaba bien, aunque por el aspecto parecía lo contrario XD). En función de en qué momento del día viajes te darán comida/merienda/cena/desayuno.

¿Y lo peor del vuelo?

Tener que dormir durante el viaje. Con los nervios de querer llegar lo antes posible y la presión de tener que dormir porque vas a llegar a Japón a las nueve de la mañana para afrontar un nuevo día entero en pie, nosotros apenas dimos un par de cabezadas. Menos mal que teníamos una tablet en los asientos para ver películas y series o para escuchar música. ¡Con la tontería nosotros nos vimos hasta 4 películas seguidas!

Al llegar al aeropuerto Kansai de Osaka, y después de pasar el control de Inmigración y de Aduanas ya empezamos a ver lo educados y eficientes que son los Japoneses.

No tuvimos que hacer apenas cola, aunque os recomendamos que relleneis en el avión los papeles que os entregarán los azafatos y que tendréis que entregar para los controles para no perder más tiempo en el aeropuerto. Después de pasar el control de inmigración, solo quedaba recuperar nuestras maletas y pasar el control de aduanas, igualmente sin colas y sin problemas. El “policía” de aduanas muy sonriente, apenas miró los papeles y los pasaportes y nos dejó pasar muy amablemente. Suponemos que los registros de maletas serán aleatorios y dependerá de cómo sea tu actitud ante el policía.

¡Reto superado! Nada más ruzar la aduana ya nos dimos cuenta de dónde estábamos, estaba toda la terminal decorada con carteles gigantestos de Súper Mario y otros videojuegos. Antes de poner rumbo a Kyoto nos tocaba ir a buscar la oficina de correos del aeropuerto para recoger nuestro WIFI-pocket.

Después de comprobar que todo estaba bien y poner el wifi-pocket en marcha, ya podíamos salir del aeropuerto e ir en busca de nuestra siguiente parada: La oficina JR para canjear nuestro JR Pass (más info en Viajar a Japón: ¿Cómo desplazarse?).

¡Rumbo a Kyoto!

Encontrar la estación de tren es fácil, solo tienes que seguir las señales con los símbolos del ferrocarril y llegarás a la estación, no tiene pérdida. Hay dos compañías que dan servicio a la estación del aeropuerto de Kansai, Nankai y JR. Como la que nos interesaba era la de JR, nos dirigimos a sus oficinas e hicimos cola durante 10 minutos para canjear los tickets que habíamos comprado en España. Ya que estábamos allí, reservamos asientos para nuestro viaje en tren hasta nuestro próximo destino, Kyoto. La chica que nos atendió fue muy amable en todo momento y hablaba perfectamente inglés.

Tenían una hortensia hecha de origami que nos dejó fascinados, y el calendario del mostrador estaba decorado con monigotes kawaii. Esto ya fue un claro ejemplo de que Japón nos iba a encantar.

Así que con nuestros JR pass en la mano nos fuimos directamente a la estación. Al llegar a los tornos, le tuvimos que enseñar el pase al revisor que estaba en la ventanilla, porque como era la primera vez que íbamos a usarlo nos tenía que sellar el pase con la fecha y la hora. Esta fecha será la que mirarán los revisores cada vez que entres y salgas de una estación durante todo tu viaje.

Para llegar a Kyoto nos subimos en el JR Limited Express-Hakura. No visitamos Osaka durante nuestro viaje porque nos pareció una ciudad bastante moderna, y ya íbamos a pasar unos cuántos días en Tokio. Estamos seguros de que cuando volvamos lo incluiremos en nuestro recorrido.

El viaje en tren duró como hora y media y el camino no fue paranada aburrido, por la ventanilla vimos algún que otro castillo, templo y muchísimos campos de arroz. Un pequeño aperitivo de lo que nos esperaba durante este gran viaje.

Cuando por fin llegamos a la estación de Kyoto lo primero que hicimos fue ir al hotel y hacer el check-in para poder dejar las maletas. Nos alojamos en el Japan Hotels Gojo-Muromachi, a diez minutillos andando de la estación. Era más bien un apartahotel, ya que las habitaciones contaban con una pequeña cocina y un baño bastante amplio con lavadora. Todo estaba muy limpio y perfectamente ordenado, las camas eran muy cómodas y no escuchamos ningún ruido de fuera o de las habitaciones de al lado.

Al llegar antes de la hora prevista, no nos pudieron dar la habitación, pero nos guardaron las maletas en la recepción para no tener que ir cargados. y lo mejor, ¡nos las dejaron en la habitación! Por lo que pudimos volver de noche, cuando la recepción ya había cerrado sin tener que preocuparnos por nada. ¡Perfecto!

Sin las maletas y ninguna otra cosa pendiente ya estábamos listos para descubrir Kyoto. Pasamos por el supermercado 7-eleven, cogimos provisiones: algunose onigiris, bebidas con cafeína para aguantar otro día despiertos y algunas patatas y productos de allí para ir probando nuevos sabores; Como llevábamos más de 14 horas metidos en un avión y nos habían dado de comer a horas extrañas, no teníamos mucha hambre, pero no está mal llevar algo encima por si luego te da hambre y no hay sitios para comprar.

Kiyomizu-dera y el barrio de Gion

Nos propusimos empezar nuestra ruta por Kyoto visitando el Templo Kiyomizu-dera (en japonés templo del agua pura). Como estaba alejado de nuestro hotel, decidimos coger el autobús 206 (la línea 100 también te lleva) que salía desde la estación de tren de Kyoto y te dejaba en la parada Gojo-zaka o Kiyomizu-muchi muy cerquita del templo.

El templo no está al lado de la parada de autobús, para llegar tuvimos que subir por una calle bastante empinada y larga. Esto no hubiese sido un problema si no nos hubiese pillado una ola de calor, ¡acabábamos de llegar y ya nos estaban poniendo a prueba! De todas formas , con los nervios y las ganas que teníamos de empezar a conocer Japón esto no iba a ser un impedimento, así que nos pusimos a andar y en cuestión de 10-15 minutillos llegamos al templo.

El templo Kiyomizu-dera es sobretodo conocido por su salón principal y las maravillosas vistas que tiene desde su balcón, pero lo cierto es que el templo es en realidad un gran conjunto de recintos religiosos.

Nosotros tuvimos la mala suerte de ir cuando este salón y otros recintos estaban en obras, por lo que decidimos no entrar a ver los pabellones. De todas formas el templo es muy grande y puedes recorrerlo por fuera sin problemas.

¡Ya tenemos un motivo perfecto para volver a Kyoto! :D

Estaba todo repleto de gente, sobre todo habías grupos de estudiantes uniformados y gente vestida con los trajes tradicionales.

Después de ver los alrededores del templo empezamos a recorrer el famoso barrio de geishas de Gion. Está bastante cerca del templo, por lo que era una buena opción para continuar la ruta.

Bajamos por las callecitas de Sannenzaka y Ninenzaka repletas de tiendas de recuerdos y artesanía típica de la zona. La zona también está repleta de casas de té (ochaya), casas de geishas (okiya) y tiendas tradicionales de dulces, textiles, maquillaje, calzado, parasoles... Paseando por las callejuelas de Gion las casas son bajitas, todas están cubiertas de madera, y encima con la gente vestida de época te sientes como si hubiese retrocedido en el tiempo.

Es un paseo precioso que merece muchísimo la pena.

Nos perdimos por las estrechas calles de Gion y acabamos encontrando una de las muchas tiendas de merchandising de los Estudios Ghibli que hay por Japón. Al entrar dentro parecía que estubiésemos dentro de una de sus películas, aprovechamos ya que estábamos allí para hacernos unas fotos con nuestro amigo Totoro. La tienda estaba súper chula, si os gustan las películas de este estudio no os podéis perder entrar en algunas de ellas. ¡Son todo un espectáculo!

Todavía nos quedaba mucho viaje por delante y no podíamos llenar las maletas de recuerdos tan pronto, así que después de echar un vistazo a lo que vendían seguimos caminando hacia el Parque Maruyama, para de camino ir viendo alguno de los templos que hay por la zona.

Por las calles veíamos a mucha gente beber un mejunje frío y muy verde, la verdad es que por la pinta no era muy apetecible pero ¡hacía mucho calor y eso estaba helado! Teníamos que probarlo, así que nos acercamos a un puestecillo y ya vimos que era una especie de granizado de té matcha. Te lo daban con hielo y el aspecto era como de un zumo de césped. Lo probamos y tenemos que confesar que el té matcha frío, así sin azucar, se hace difícil de beber, pero del calor que hacía nos lo bebimos sin quejarnos ¡y nos comimos hasta los hielos!

Lo bueno que tiene Japón es que en casi cualquier calle hay una máquina de bebidas. Son máquinas muy curiosas, con miles de refrescos de sabores y colores extraños, tés, y cafés que pueden ser incluso calientes.

Una vez llegamos al Parque Maruyama, nos encontramos un templo que no sabíamos ni que estaba allí, el templo de Yasaka. Nos sorprendió bastante porque nos encontramos en una calle llena de farolillos rojos y pequeñas tumbas familiares, algunas de madera y otras de piedra.

¡Menos mal que nos lo encontramos de camino! Mereció la pena pasar una rato allí. El templo tenía un pabellón gigantesco lleno de farolillos colgantes, también había varias haiden (capillas) en los que realizar diferentes rituales para rezar. Nos gustó muchísimo y fue muy curioso ver como la gente realizaba el ritual de rezo. ¡Incluso nosotros también lo hicimos!

Nuestro paseo nos llevó a visitar templos como el de Kōdai-ji, Chōraku-ji, Chion-in, Kenninji y alguno más...

Con tanta caminata acabamos llegando a la famosa calle de las geishas de Kyoto, Hanamikoji Dori. La calle en sí es muy pequeña pero s tienes suerte hasta verás a alguna geisha de paseo. Pero por favor, no hagáis como muchos turistas que pretenden sacarle una foto como si fuesen paparachis. Tenéis que entender que están trabajando y hay que respetarlas.

Después del largo paseo que nos habíamos metido nos dimos cuenta de que las fuerzas empezaban a fallar y necesitábamos descansar. Prácticamente llevábamos 30 horas despiertos y el cansancio ya pesaba.

Estuvimos sentados en la orilla del riachuelo Kamo, zona también muy famosa por estar al lado de la estrecha calle Pontocho, famosa también por las geishas y por la gran cantidad de restaurantes de alta cocina que tiene

Había mucha gente allí e incluso algunos estaban tocando música. ¿Y cuál fue nuestra sorpresa? Que entre el relajante ruido del agua y la música casi nos quedamos dormidos!!!

Empezamos a dar cabezadas los dos y casi nos caemos al río. Esto ya fue una clara señal de que necesitábamos irnos a dormir. Todavía era pronto pero ya tendríamos más días para seguir descubriendo la ciudad.

Así que nos pusimos en pie y aprovechando que teníamos un largo paseo hasta el hotel fuimos buscando un sitio para cenar.

Al final, ya que estábamos por la zona, hicimos un último esfuerzo y callejeamos un poco por la zona del mercado de Nishiki. Acabamos cenando un delicioso y ardiente ramen en Ippudo (一風堂) Nishikikōji, sitio bastante conocido por la zona. Estubo delicioso y ¡qué mejor manera de reponer energías que tomarse un bol de fideos y sopa de casi medio kilo!

Ya en el hotel, ¡que alegría tirarnos en la cama! ¿Qué nos depararía el segundo día en Kyoto?