Japón, día 3: Descubriendo la isla de Miyajima

Japón, día 3: Descubriendo la isla de Miyajima

Ya es el tercer día en Japón y hoy toca irnos de excursión para visitar Hiroshima y la isla de Miyajima, donde nos quedaremos a pasar la noche.

Como íbamos a volver después al mismo hotel en Kyoto, preguntamos en recepción si podíamos dejar las maletas allí hasta nuestra vuelta y así poder ir solo con una pequeña mochila. Con un poco de ropa para cambiarnos es equipaje más que suficiente para pasar una noche. Al principio costó que nos entendiesen, pero al darse cuenta que teníamos otra reserva para el día siguiente, nos dijeron que no había problema, nos anotaron el nombre y habitación en la maleta y la guardaron en la recepción.

En ruta hacia Hiroshima

Ese día madrugamos un poquito para coger uno de los Shinkansen que nos dejase en Hiroshima, ya que teníamos que pasar por allí nos reservamos medio día para ver la ciudad y los lugares más importantes.

El trayecto duró aproximadamente 2 horas, y como no conocíamos nada del país estuvimos bastante entretenidos mirando por la ventanilla. El tren pasaba por Osaka, Kobe, Himeji (se ve el castillo desde el tren) y Okayama. Al pasar por las diferentes estaciones pudimos ver un poquito de cada ciudad, ¡menos de Kobe! Parece ser que tienen a las vacas encerradas bajo llave para que no descubras su secreto! jajaja

Parque Conmemorativo de La Paz

Al llegar a Hiroshima cogimos la línea 2 de tranvía hasta hasta la parada Genbaku-domu-mae, es la que deja más cerca del Parque Conmemorativo de La Paz y de la Cúpula de la Bomba Atómica.

Al subir al tranvía tienes que coger un ticket que sale de una maquinita junto a la puerta. Una vez se cierran las puertas, la máquina no expende tickets hasta hasta la próxima estación. Así que, ¡asegúrate de cogerlo! Este ticket te servirá para calcular el precio que tendrás que pagar por tu trayecto en tranvía, tienes que fijarte en el panel de precios que hay en uno de los extremos del vagón según la parada a la que vas. Los precios van variando según lo lejos que vayas y el número de zonas que atravieses.

¡Nosotros no nos enteramos de nada de esto! ¡Ni siquiera nos dimos cuenta de que había que coger el ticket! Pero menos mal que está preparado para guiris y si te bajas ahí el precio es el mínimo de un viaje (150 yenes). Para pagar tienes que introducir el importe y tu ticket en una maquinita que tiene el revisor al lado, y ¡asegúrate de que sea la cantidad exacta! Las máquinas no dan cambio.

Una vez llegamos, sólo tuvimos que andar unos cinco minutos para llegar al parque y divisar el monumento de la Cúpula de la Bomba Atómica. Uno de los más conocidos, por su triste historia. Estas ruinas fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad en 1996 por la UNESCO y son los restos que quedaron de uno de los edificios que quedó parcialmente en pie tras caer la bomba. El edificio en su día fue un centro comercial, y tras la explosión decidieron conservarlo como un recuerdo de algo que nunca debería haber pasado.

Alrededor del monumento nos encontramos a muchas personas de diferentes asociaciones que luchan contra el uso de armas atómicas. La mayoría son familiares de personas que vivieron el momento y narran las historias de sus conocidos con el objetivo de concienciar a la gente y recoger firmas para intentar acabar con el uso y la fabricación de este tipo de armas. Nosotros intentamos poner nuestro granito de arena firmando una de las hojas y estuvimos hablando con una mujer que nos contó la historia de su madre, que afortunadamente había sobrevivido a la catástrofe.

Visitamos también el Museo Conmemorativo de la Paz, que recoge el testigo de una exposición que se inauguró en 1949 en Hiroshima con materiales relacionados con la bomba atómica. La exposición es un homenaje a las víctimas de la bomba y recoje diferentes relatos de personas que pudieron contar lo ocurrido.

Tanto el museo como el monumento se encuentran dentro del Parque Conmemorativo de La Paz. Cuando nosotros fuimos estaba lleno de excursiones de colegios y pudimos ver cómo los niños también rendían homenaje a su manera, cantando todos a coro delante del Monumento a la paz de los niños. Este momento fue uno de los más emotivos de nuestro viaje, ver cómo desde pequeños les enseñan a mostrar respeto y conmemorar la historia de su país fue algo que nos tocó la patata.

Es cierto que no es una visita ni "bonita" ni "agradable" y se pasa un poco mal, pero te hace reflexionar sobre lo cruel que puede llegar a ser el ser humano.

Visita al Castillo de Hiroshima

Después de visitar el monumento de la paz, cruzamos todo el parque en dirección norte para poner rumbo al Castillo de Hiroshima.

Se acercaban las 11 de la mañana, así que de camino al castillo nos paramos en un 7-eleven para ver si podíamos quitarnos el gusanillo y ya de paso curiosear un poco a ver qué guarrerías podíamos comprar. Estábamos en Japón así que, había que experimentar con la comida y probar cosas nuevas y raras (aunque algunas de un primer vistazo echar para atrás). Compramos los famosos dorayakis rellenos de pasta de judía roja (anko) y que los japoneses adoran; pero si queréis saber nuestra opinión... mejor que el chocolate no hay nada.

No está ni bueno ni malo, es como que está bueno pero hay algo que te dice que no comas más, supongo que será cuestión de gustos jajaja. También compramos unos snacks que eran galletitas de arroz con sabor a calamar y una fanta de piña+. Sí, lo del "+" no es una errata, resulta que todas las bebidas de cocacola que llevan este símbolo son bebidas energéticas. Esto último ya sí que nos gustó más, la fanta de piña estaba muy rica (nos recordó a los sugus de piña) y los snacks de calamar eran como el pan de gambas que puedes comer en un restaurante chino, pero con sabor a surimi.

Al llegar al castillo, vimos que el recinto dentro de las murallas es gigantesco, muchísimo más grande que el propio castillo. Dentro de las murallas hay un enorme parque donde por lo que vimos la gente aprovecha para salir del trabajo e ir a comer su bentos en las mesas o en el césped que hay. La verdad que es una zona muy tranquila y muy agradable para tomarse un descanso. También, puedes subirte a las murallas del castillo, dar una vuelta por las exposiciones, visitar el templo Gokoku Jinja o incluso puedes alquilar barquitas de paseo para navegar las aguas de su antiguo foso.

Aunque no nos olvidemos de lo más importante, ¡el castillo también se puede visitar! Aunque tenemos que tener en cuenta que no es el original, el original quedó destruído con la explosión de la bomba atómica y este es una reconstrucción fiel al original.

La entrada cuesta unos 400 yenes y dentro te cuentan un poco de todo, la historia del castillo, el cómo los aldeanos y la nobleza vivián en la época feudal, cómo fue destruido por la bomba atómica y cómo fue reconstruido posteriormente... En una de sus plantas cuentan con una colección que nos dejó asombrados, auténticas katanas, armas y armaduras samurais de todos los colores.

Y aunque la visita no es algo "imprescindible" dentro de la ciudad, en general sí que te permite pasar un rato entretenido y descubrir muchas cosas del antinguo Japón. Por último, para que te puedas llevar la foto de recuerdo y para entretener a los más pequeños de la familia, cuentan con diferentes trajes con los que te puedes vestir y hacerte unas fotos. Y cómo no... ¿quién iba a resistirse a disfrazarse y a hacer un rato el payaso?

Una descansito para comer

Después de salir del castillo vimos que ya era hora de buscar un sitio para comer. Nuestro siguiente destino era la isla de Miyajima, pero como teníamos que coger el ferry y luego buscar un sitio para comer decidimos mejor quedarnos en Hiroshima que seguro que tendríamos muchos más sitios para elegir. Habíamos leído en el blog de Japonismo sobre un sitio muy famoso para comer okonomiyakis, las enormes tortillas japonesas que pueden llevar todo lo que tu quieras.

El sitio en cuestión era Nagata-ya, pero al llegar vimos que había una larga cola y la camarera nos dió como unos 40 minutos de espera. El sitio parecía muy chulo, ambientación típica de bar japonés (Izakaya), pero tener que esperar unos 40 minutos nos iba a retrasar bastante, a parte de que nuestra tripa ya se estaba quejando. Así que, miramos alrededor y qué casualidad que justo el sitio de al lado era un restaurante de okonomiyakis!! Era algo más "cutre" que el el sitio famoso pero, ¿por qué eso iba a significar que la comida estuviese mala?

El sitio se llama No Kaze Heiwakoenmae, y lo llevan un grupo de "japos algo canis" pero muy simpáticos. Las mesas tienen una plancha enorme donde te ponen la comida para que se termine de cocinar y que se mantenga caliente. También dispones de todo tipo de condimentos (salsas picantes sobre todo) para acompañar tus platos, esto lo encontraréis en la mayoría de restaurantes de comida rápida en Japón. Nosotros pedimos dos okonomiyakis y fue gochería pura.

Acabamos hasta reventar. Eso sí, ¡cuidado con el picante! Si no sois amantes del picante no pidáis los okonomiyakis que lo llevan porque PICAN MUCHO. El camarero nos dijo que no era para tanto peeeero Patri acabó llorando y echando fuego por la boca. Por lo demás, todo riquísimo, comimos muy agusto y sobre todo nos atendieron muy bien.

Rumbo a Miyajima

Para llegar hasta allí teníamos que volver en tranvía hasta la estación de tren de Hiroshima y allí coger un tren limited-express (JR Sanyo) hasta Miyamaguchi, donde cogeríamos el JR-ferry que está incluido en el Viajar a Japón: ¿Cómo desplazarse?, que nos llevaría hasta la isla. El camino desde la estación de Miyamaguchi al puerto para coger el ferry está muy bien señalizado y es difícil perderse porque simplemente hay que seguir la marea de turistas que va en dirección al puerto. ¡No tiene pérdida!

El paseo en barco es súper agradable. El ferry es muy grande y casi no se mueve. A nosotros nos hizo mucho calor ese día por lo que el cielo estaba totalmente despejado. A medida que nos íbamos acercando a la isla se veían los templos escondidos entre los árboles y las laderas de la montañas. Es una imagen que probablemente nunca olvidaremos.

Os recomendamos que os descargueis en el móvil la app Hyperdia para poder consultar los horarios de los trenes y del ferry, y así no tener que esperar mucho entre transportes.

De paseo por Miyajima

Aproximadamente llegamos sobre las tres de la tarde, y como solo íbamos con nuestras mochilitas, en vez de hacer como siempre e ir directamente al sitio donde nos íbamos a alojar esa noche, nos dimos una primera vuelta por la isla para inspeccionar un poco el terreno. Nada más bajarte del ferri ya te reciben unos curiosos habitantes de la isla, estos pequeños ciervos no tienen nada de miedo y si te descuidas se comerán hasta los cordones de tus zapatos! Y sobre todo, cuidado con los mapas y las libretas de papel, porque en un descuido aprovecharán para arrancártelas de un bocado los muy descarados.

Estuvimos andando por el paseo marítimo, bordeando la costa en dirección al gran Torii para verlo más de cerca y visitar también su templo, que también está sobre el mar. Cuando llegamos allí, la marea estaba muy baja por lo que pudimos darnos un paseo por la playa y así acercarnos a ver el torii de cerca.

Verlo tan de cerca impresiona muchísimo, desde lejos no puedes llegar a hacerte una idea de lo grande que es. También, es curioso ver que tanto la arena, como toda la parte de la estructura que queda sumergida están llenas de monedas. Y es que existe una curiosa tradición que consiste en poner/lanzar monedas en las vigas de los toriis, para una vez que la moneda se quede en lo alto, poder pedir un deseo. Total, que nosotros no íbamos a ser menos y pusimos también nuestra monedita, bien alto para que el deseo que pedimos se cumpliese :)

La visita al templo Itsukushima es muy breve la verdad. La entrada cuesta 300 yenes y en menos de media hora lo puedes tener visto, todo depende de cuántas fotos te quieras sacar paseando por los muelles de madera y con las vistas que tiene el templo hacia el mar. Al ser un templo sintoísta, se nota que la decoración es mucho más austera y mucho menos recargada que en los templos budistas.

Después de jugar un rato en la playa y hacernos unas fotos por la zona del templo y el torii, seguimos andando un poco más por la costa visitando otro par de templitos que había por allí, y (locos nosotros) se nos ocurrió subir por un camino de cabras hasta lo alto de una colina donde había una pagoda que habíamos visto de lejos. Nosotros ilusos, al ver la pagoda en mitad del monte y rodeada de árboles, pensamos que allí había otro templo que visitar, pero no. En lo alto de la colina solo estaba la pagoda, triste y solitaria, y un ciervo que se había perdido. Pero tanto esfuerzo no fue en vano, y es que aunque no hubiese mucho que ver desde allí arriba las vistas de la isla eran sorprendentes.

Ya eran cerca de las 6 de la tarde por lo que nuestro cuerpo empezaba a notar el cansancio de estar todo el día de un lado para otro, así que decidimos ir en busca del albergue en donde nos íbamos a quedar aquella noche en Miyajima.

Alojamiento

Nos alojamos en el Miyajima Guest House Mikuniya, una casita de estilo típico japonés. Aunque sea un albergue, hay dos tipos de habitaciones y es que puedes tanto reservar una habitación independiente de estilo tradicional (tatami, puertas correderas, futones, etc), como dormir en un futón en una sala común con otras personas que se hospeden allí. La casa cuenta con un salón gigantesco y una cocina común de la que puedes hacer uso como si estuvieras en tu propia casa.

El dueño del albergue es un adorable japonés que vive con su familia en un ala de la casa. El chico que nos atendió era su hijo, en cuanto llegamos nos enseñó la casa y nos dió unos consejos sobre qué ver y dónde cenar en Miyajima. También aprovechamos para hablar un rato sobre el viaje que estábamos haciendo y el tiempo que íbamos a estar de vacaciones. ¡Por cierto! Si os gustan los animales estáis de suerte, el dueño tiene un gatete llamado Miku y es muy muy cariñoso, va paseándose por la casa buscando huéspedes que le rasquen la barriga. También podréis ver por el jardín tanuki (mapaches) salvajes, de vez en cuando visitan los jardines de las casas buscando algo de comida.

El precio del alojamiento también incluye el desayuno: tostadas, cereales, distintas mermeladas caseras, leche, café, fruta... Además, si por lo que sea quieres comer/cenar en la casa también tiene el congelador hasta arriba de productos congelados que puedes "comprar" a precio de supermercado. Los baños son compartidos y disponen tanto de duchas como de un pequeño onsen donde te puedes dar un baño relajante de forma privada, ya que tiene pestillo y un cartelito para indicar que está ocupado. La verdad es que la idea de compartir baño al principio nos hizo desconfiar un poco, pero ¡nada que ver! Los baños estaban más limpios que los de nuestra propia casa y con todo lujo de utensilios de baño que te puedas imaginar.

Para reponer fuerzas, disfrutamos del onsen privado y nos dimos un buen baño relajante. ¡Cuidado con este tipo de baños que el agua está ardiendo! No conviene estar mucho tiempo porque te puedes llegar a marear. Muchas gracias al dueño por tu atención y hospitalidad! :) Sin duda, este albergue es mucho mejor que muchos de los hoteles en los que nos hemos hospedado y sin duda nos alojaremos allí si volvemos algún día a Miyajima.

Buscando algo de cenar

Una vez descansados era hora de buscar un sitio para cenar. El dueño del albergue nos dió un mapita de Miyajima con una lista de restaurantes que él recomendaba a sus clientes con el horario de comidas/cenas de cada uno de ellos. Una información muy útil, sobre todo si llegas tarde a la isla, porque la mayoría de sitios cierra pronto.

Nosotros "decidimos" cenar en Mametanuki, lo digo porque a partir de las 6 hay solo uno o dos restaurantes abiertos en toda la isla jajaaja. El sitio está en la calle principal de Mijayima y está especializado en uno de los platos típicos de la zona: Anago meshi (anguila caramelizada acompañada con arroz blanco). Nos pedimos un par de menús tradicionales que incluían: una sopa, ostras fritas, sopa, encurtidos y el plato principal de anguila. Para acompañar la comida, y ya que estábamos en un sitio tan bonito como Miyajima, decidimos celebrarlo con un saque típico de la zona que nos recomendó el camarero. La verdad es que el sitio estaba muy chulo, el servicio fue muy atento y rápido, y aunque por precio no es de los más baratos de la zona, merece la pena darse un capricho de vez en cuando.

Después de cenar y antes de irnos a dormir, la estampa de la isla cambió totalmente. Cuando ya anochece, la mayoría de turistas vuelven a Hiroshima para dormir, entonces la isla adquiere un ambiente totalmente diferente, como silencioso y místico. Es una gozada pasear por las callecitas y la playa sin apenas gente, disfrutando de la paz y de la tranquilidad de la isla. Por la noche, el torii del Santuario Itsukushima se refleja sobre el agua y tanto el caminito de farolillos que recorre la costa de Miyajima como el torii se iluminan. Ya que estábamos allí tranquilos, nos sentamos a contemplar el templo sobre el agua durante un buen rato a disfrutar del ambiente.

Ya en el hotel, es hora de sacar los futones, poner los móviles a cargar y sobre todo, ¡descansar! ¿Qué cosas nos quedarían por descubrir en Miyajima al día siguiente?