Japón, día 5: Entre Toriis y ciervos

Japón, día 5: Entre Toriis y ciervos

Amanece un nuevo dia en kyoto y hoy nos vamos de excursión!

Visitamos el famoso templo de Fushimi Inari con sus miles de toriis y nos acercamos a la ciudad de Nara, también muy conocido por sus adorables ciervos y por tener uno de los budas más grandes de todo Japón.

Fushimi Inari-taisha

Como ya es costumbre, nos levantamos temprano y tras un desayuno exprés nos fuimos a la estación de tren de Kyoto. Antes de ir a Nara, vamos a hacer una parada en el templo Fushimi Inari para perdernos paseando entre sus miles de Toriis. Para llegar allí tenemos que ponernos rumbo al sur de Kyoto y coger la línea JR de Nara (incluido en el JR Pass) con destino a la estación de Inari, el trayecto apenas dura 15 minutos que se pasan volando.

La entrada al templo se encuentra a escasos metros de la estación y no hace falta pagar entrada. Al ser un recinto tan grande, la duración de la visita dependerá de las ganas que tengáis de subir por el monte Inari. Nosotros estuvimos aproximadamente 2h, no llegamos al final del recorrido porque teníamos pensado pasar el resto del día visitando Nara por lo que cansarse al principio del día no iba a ser una buena idea.

Hay muchos caminos diferentes, que iréis encontrando en la ruta, marcados en los mapas que encontraréis por la montaña. Por ello que os recomendamos echar un vistazo antes de echar a andar y adaptar la vista al tiempo y ganas de cada uno. Eso sí, tened en cuenta de que hay caminos que se adentran bastante en la montaña, así que llevad algo de beber porque solo suele haber máquinas de bebidas en las zonas más cercanas al templo.

El santuario está dedicado a Inari, el dios sintoísta del arroz y la fertilidad. Podréis verlo en casi todos lados y rincones del recinto, representado como un zorrito (Kitsune) con una llave en la boca. Esta llave representa la llave del granero donde se guarda el arroz y, por lo tanto, la riqueza.

Al ser un templo tan famoso, encontrarte con demasiada gente puede llegar a “entorpecer” algo tu visita. El templo no solo es famoso no solo por ser uno de los más grandes y antiguos de Japón sino que también lo es por el rodaje de algunas películas como Memorias de una Geisha. Nosotros no nos pegamos la paliza de madrugar y despertarse a las 5:00am para poder entrar los primeros en el templo, pero tampoco dejamos que se nos pegaran las sábanas porque tampoco queríamos “hacer cola” para atravesar los toriis.

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Los pasillos son muy estrechos y en cada esquina encontraréis a alguien haciéndose una foto o un video, así que ¡armaos de paciencia e id haciéndoos a la idea!. De todas maneras, que eso no estropee vuestra visita, el recorrido es largo y siempre habrá un sitio donde tener un poco de intimidad. Al final la mayoría de gente se queda en la parte más cercana al templo, por lo que si os adentráis en la montaña encontraréis muchas zonas vacías o con muy poquita gente.

Durante el recorrido a través de los largos caminos llenos toriis te irás encontrando también con numerosos altares y lugares de oración que junto con el silencio y la sensación de estar adentrándote más y más en el denso bosque del monte Inari harán que se te pongan los pelos de punta. Los toriis son donaciones qie la gente ha ido haciendo al dios Inari a lo largo de los siglos. Los más antiguos y se van entremezclando con los más nuevos y en algunas zonas están tan cerca unos de otros que casi no dejan pasar la luz del sol. En algunos puntos del camino la luz que se cuela por sus rendijas va creando una atmósfera casi espectral.

Nosotros llegamos hasta el Estanque Shin-ike o Kodamagaike, en el que cuenta la leyenda que si buscas a alguien, al dar dos palmas a los pies del estanque, el eco te mostrará el camino para encontrar a la persona que estás buscando. Este lugar rebosa paz, tranquilidad y respeto ya que está rodeado de pequeños altares familiares que claramente son un lugar de culto y recuerdo a los que ya no están.

En este punto del recorrido nosotros comenzamos nuestro descenso para volver a la estación de tren, pero los toriis continúan más y más arriba hasta llegar al punto más alto del monte Inari. Pero este reto lo dejaremos para la próxima vez que visitemos Japón ;)

En nuestra bajada nos encontramos con un curioso santuario dedicado a la Rana (santuario Suehiro). Nos llamó mucho la atención y no pudimos irnos sin hacernos una foto con las ranas guardianas (kaeru-koma) y entender su significado, que es prácticamente lo mismo que lo que conocemos aquí: las ranas de la suerte.

Llegando a la salida del santuario y de camino a la estación os encontraréis con una calle peatonal que está llena de puestecillos de comida típica. Podéis encontrar desde especialidades locales hasta los típicos platos de "feria" japoneses (Okonomiyaki, Takoyaki, ...) y que te permitirán tomar un tentempié y coger fuerzas para continuar tu ruta.

Rumbo a Nara

Ya de vuelta en la estación de tren de Inari volvimos a coger el tren de la línea JR en dirección a Nara. Hay trenes más directos y otros locales con más paradas así que no os vayáis a subir en el primero que pase. Miradlo bien porque nosotros cogimos uno de los trenes “express” y nos dejó en Nara en tan solo 30 minutos.

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Nara fue antigua capital imperial de Japón durante la época medieval y es famosa por los adorables ciervecitos que están sueltos por el parque. También allí podemos encontrar el templo Todaijj donde encontramos uno de los budas más grandes de Japón. Pero Nara dispone de muchísimos otros templos y santuarios, por lo que pasear y perderse por la ciudad puede ser una agradabe forma de pasar el día. Nada más llegar ya nos sorprenden numerosos carteles kawaii de ciervos por todas partes.

Pasear por las calles de Nara también nos hizo trasladarnos al Japón tradicional de hace cientos de años con sus casitas y calles de cuento.

Parque de Nara

Subiendo una de las calles principales de Nara se llega a la zona patrimonial de Nara, es fácilmente reconocible por que empiezas a ver un templo tras otro hasta llegar a la entrada de un parque gigantesco, donde te reciben ya numerosos ciervos acosando a turistas para que les den de comer.

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Este parque es el hogar de unos 1200 ciervos que viven y campan allí libremente por todo el recinto. Por todo el parque hay gente vendiendo unas galletitas de arroz sembei para ellos (unos 150 yenes) que cabe de decir que les encantan, prácticamente se te tiran encima para que les des una. Los ciervos son considerados mensajeros de las deidades en el sintoísmo y aunque sean muy educados, lo mejor es que no dejes comida a la vista, porque también son muy listos y al mínimo despiste le darán un bocado a tu comida.

Nosotros compramos un paquetito de galletitas, y desde el momento que lo tienes en la mano, cientos de ojos se posan en ti. Son un poco ansiosos, sobre todo los machos más grandes que son los que tienen la cornamenta, pero también les cuesta un poco coger confianza y no se dejan tocar así como así. Nosotros conseguimos incluso que nos hiciesen un saludo antes de darles la galletita, así que suponemos que alguien se ha pasado bastante tiempo enseñándole tonterías a los ciervos. Lo mejor es que pasamos un rato agradable y sobre todo muy divertido jugando con tantos ciervos.

Dentro del parque hay muchísimas cosas que ver y hacer. Hay numerosos templos, pagodas, jardines, puentes al estilo tradicional, museos… De todas formas lo mejor de todo es el poder desconectar de la ciudad y disfrutar de sus simpáticos habitantes.

Templo Tōdai-ji

Uno de los grandes atractivos de Nara, y donde los ciervos te acabarán conduciendo hasta su gran entrada es el templo budista Tōdai-ji, considerado Patrimonio de la Humanidad junto a otros templos de la ciudad.

La entrada cuesta aproximadamente 500 yenes y lo primero que nos encontramos es un gran portón de madera de 20 metros llamado Puerta Nandaimon y vigilada a por dos guardianes Niō, que junto con la puerta son considerados tesoros nacionales. Pero lo realmente impresionante nos esperaba dentro. Nada mas entrar nos encontramos con un grupo de abuelillos voluntarios que se ofrecen a explicarte la historia del templo.

¿Cómo nos enteramos de esto? Porque de repente uno de los abuelillos se acercó a nosotros, apenas sabiendo inglés y chapurreando palabras sueltas en español, nos hipnotizó con un par de trucos de magia (literal). Cuando ya se había quedado suficiente con nosotros y nos vió cara de no saber qué estaba pasando nos contó que eran voluntarios y que se dedicaban a explicar la historia del templo a los turistas que lo visitaban.

Pero le agradecemos eternamente que se acercase a nosotros, porque de otra forma nos hubiésemos perdido muchos de los detalles de la historia del templo y de la construcción de su gran buda, aunque fuese con un inglés improvisado el hombre se hizo entender perfectamente ayudado con un librito lleno de dibujos. Pero es que los japoneses se hacen entender como sea y ponen todo su empeño en que entiendas lo que te quieren decir. Son puro amor <3

El salón Daibutsuden o salón del Gran Buda,es el salón principal del templo Tōdai-ji. Es el edificio de madera más grande del mundo, y eso que antes de sus varios incendios (lo han tenido que reconstruir 3 o 4 veces), era muchísimo más grande!!

Nada más entrar en el interior del salón principal nos encontramos de frente la estatua de bronce del Gran Buda de Nara.

El Daibutsu o Gran Buda de Nara es una estatua gigante de un Buda sentado de 15 metros de alto y casi 500 toneladas de peso ¡Cómo si nada! Se construyó como forma de protección ante los desastres y epidemias que asolaban el área durante la era Tenpyō.

Uno de los lugares que más atractivo causa a los turistas es el pilar que tiene un agujero del tamaño del orificio de la nariz del Gran Buda. Los turistas, grandes y pequeños, hacen cola para intentar pasar por el agujero porque se cree que si puedes pasar por él, conseguirás la iluminación en la próxima vida. Jose se quedó con las ganas de intentar pasar por el agujero (pero yo creo que se iba a quedar atascado! ¡Imagínate tener que llamar a los bomberos para que lo sacasen de allí!

Después de visitar el templo ya se nos había hecho algo tarde, por lo que hicimos una parada para comer en un restaurante de Udón muy cerca de la gran puerta de madera. La comida no fue nada del otro mundo, y no creo que por la zona hubiésemos encontrado algo mucho mejor ya que los sitios tan turísticos no es que suelan ser los mejores.

Después de tantos días sin parar ya nos apetecía tomarnos algo de tiempo libre por lo que decidimos vaguear por el parque y tomarnos un merecido descanso. Se estaba de lujo tomando el sol en el césped y de vez en cuando alguno de nuestros amigos de cuatro patas pasó a saludarnos y ver si le podíamos ofrecer algo de comer.

El resto del día poco más os podemos contar, cuando volvimos a Kyoto aprovechamos la última noche que íbamos a pasar allí para acercarnos a la tienda de Disney y recorrer algunas otras zonas que no nos había dado tiempo a visitar.

Mañana tocaba movernos a Takayama y conocer los pueblecitos del interior de Japón. ¿Qué nos iba a deparar el camino?