Japón, día 8: Hacia la megacity de Tokio

Japón, día 8: Hacia la megacity de Tokio

Hoy vuelve a ser día de viaje, por fin llegó el día de adentrarse en la gran selva de cemento, Tokio. Nos despertamos con ganas y algo apenados de tener que abandonar Takayama. Es una ciudad con muchísimo encanto y muchas cosas que ver, más de lo que creíamos.

Nos vestimos, recogemos las cosas y nos vamos a desayunar otro copioso desayuno lleno de platillos con diferentes y coloridas cosas que probar. Y para nuestra sorpresa, lo que nos han puesto esta vez no tiene nada que ver con lo que nos sirvieron el día anterior ¡Qué ilusión! Aunque muy del estilo del otro que nos pusieron (había encurtidos, proteínas, sopas, arroz, ...) los productos fueron diferentes y lo que más nos llamó la atención fue la sardina asada que nos pusieron al puro estilo de Shin Chan.

Con el estómago lleno nos dirigimos a la estación de tren, tenemos unas cuantas horas de viaje y algún que otro cambio de tren hasta llegar a Tokio, así que es hora de mentalizarse de que va a ser un día bastante largo. El plan era muy parecido a cuando llegamos a Takayama, iríamos en el tren Limited Express wide View de Hida hasta la estación de Nagoya y allí haríamos el cambio a un Shinkansen de la línea Tokaido que nos acercaría al área de Shinjuku atravesando toda la costa sur de Japón.

El trayecto en tren fue bastante largo, como el resto de viajes nos pasamos más tiempo mirando por las ventanillas que hablando, y es que los paisajes son tan variados y desconocidos para nosotros que cualquier cosa nos parecía interesante. Vimos el mar, montañas, el monte Fuji, ciudades y pueblos, … Un montón de cosas

Llegada a Shinjuku

Llegamos a Shinjuku alrededor de las 15h y nos empezamos a dar cuenta del tamaño de la ciudad incluso sin salir de la estación, ¡es gigantesca y hay cientos de pasillos! Entre toda la gente que había que ir esquivando y el tamaño de la estación tardamos unos 10-15 minutos en salir a la calle. Una auténtica locura.

Lo primero y como ya estaréis acostumbrados a leer en nuestros posts, es cuando llegamos a un nuevo sitio deshacernos de las maletas para no ir cargándolas de un sitio a otro. El hotel que habíamos reservado se llamaba Super Hotel Shinjuku Kabukicho, se encuentra a unos 15 minutos andando desde la estación de Shinjuku, en la zona norte del famoso barrio de Kabukicho conocido por los locales de fiesta y ocio, algunos de dudosa reputación.

Puede parecer que por el barrio y el ruido la situación del hotel no sea la mejor, pero todo lo contrario. Está a las afueras y apenas hay locales alrededor por lo que no tuvimos problemas de que la luz o el ruido nos molestase por las noches. Las habitaciones son muy pequeñas pero muy bien equipadas y hay multitud de almohadas para elegir por si no te gusta la que hay en la habitación. Uno de los motivos por el que lo elegimos a parte de que parecía medio nuevo era que estaba por debajo del precio de la zona y que también tenía el desayuno incluído.

Todavía teníamos toda la tarde por delante, así que nos pusimos a planear lo que íbamos a hacer. Al final siempre nos pasa que nos que nos sobra tiempo y vemos más cosas de lo que planeamos así que para intentar estirar más el tiempo decidimos echar a andar hasta el barrio de Shibuya.

La idea era ver este conocido barrio de Tokio y pasar la tarde allí, para por la noche volver a Shinjuku y disfrutar del ambiente nocturno del otro barrio. Echamos a andar y aquí empezamos a darnos cuenta que las apariencias engañan, y es que Tokio es mucho más grande de lo que parece. Cuando estás acostumbrado a ver el mapa de Google es habitual compararlo con el de tu ciudad, y es que cuatro calles de Tokio no equivalen a cuatro calles de Madrid, así que cuidado con las distancias porque os pueden jugar una mala pasada.

Primera parada, el parque Yoyogi

Después de andar un ratillo acabamos llegando a nuestro primer destino, el parque Yoyogi, uno de los más grandes de Tokio y a parte de tener gran cantidad de vegetación y árboles de todos los tamaños también alberga uno de los templos más grandes de la zona céntrica de Tokio, el santuario Meiji.

El tamaño del parque es espectacular, parece increíble que esté situado en uno de los barrios más bulliciosos de Tokio, pasar de caminar entre edificios gigantescos a estar rodeado de vegetación y gigantescos árboles.

El templo también tiene su encanto y es que está construído totalmente de madera, aunque para nuestro gusto y ya habiendo visitado tantos templos en diferentes lugares de Japón este nos parece que es algo sobrio en comparación con otros.

Si váis por la zona no os olvidéis de visitar a las afueras del templo los muros formados por tinajas en las que se guardaba el sake, es curioso ver la de motivos y diferentes colores que hay.

Una vez vistos el templo y el parque salimos por la zona este a la altura de la estación de tren de Harajuku, es hora de ver la calle Takeshita.

La increíble calle Takeshita y Harajuku

La calle Takeshita es una calle peatonal llena de tiendas de moda, cafeterías, lencería, crepes de todos los sabores y muchísimos productos dedicados a los fans de los idols. Os recomendamos ir entre semana, se nota muchísimo que hay menos gente y si pasáis por allí en fin de semana probablemente os cueste avanzar de la cantidad de personas que puede haber.

Nada más llegar empiezas a hacerte a la idea del sitio al que has llegado, unos enormes carteles luminosos anuncian el nombre de esta calle, el estilo de la ropa tanto de algunas personas como de las propias tiendas te dejará sin palabras y de la enorme cantidad de tiendas dedicadas a los fans de los idols ni hablamos. Es todo tan llamativo que mola.

A parte de entrar a alguna tienda tenéis que aprovechar para entrar al Daisho (acordáos de este nombre), esta cadena de supermercados se basa en el concepto del todo a 100 yenes y podréis encontrar de todo tipo de productos: refrescos, alimentos, ingredientes de cocina, papelería, juguetes, …

También nos llamó la atención la cantidad de tiendas de crepes que hay y las colas que se forman para poder pedir uno, parece ser que este dulce gusta mucho a los japoneses, sobre todo a los niños que parecía que nada más salir de clase se iban allí a ponerse gochos. Nosotros no quisimos ser menos y acabamos comiéndonos uno con chocolate y nueces. Nos vino muy bien para reponer fuerzas y continuar nuestro camino.

Continuamos callejeando por Harajuku, es una zona muy comercial, llena de tiendas y de gente con miles de bolsas yendo de un lado para otro. Hay hasta una tienda dedicada exclusivamente a productos de Line donde tienen un peluche de un oso gigante como de 3 metros de alto.

En la avenida Omotesando, cerca del centro comercial Tokyu Plaza Omotesando Harajuku, conocido popularmente como Omohara, se encuentra una de las tiendas de juguetes y peluches kawaii más famosa de Tokyo con el nombre de Kiddy Land. En esta tienda de 6 plantas Patri podría tirarse horas y horas achuchando peluches y muriendo de ansia viva por querer llevárselo todo a casa. Al entrar en esta tienda ya nos dimos cuenta que la maleta iba a volver más llena de lo que pensábamos…

¿Quién no se llevaría a casa un peluche tan cuqui como un gatete mochi mochi gigante para achucharlo hasta el estrangulamiento todas las noches en el sofá? Imposible no llevárselo, por lo menos Patri es incapaz!

Mirador en el ayuntamiento de Tokio

Después de un par de compras frikis nos volvimos a Shinjuku a dejar las compras y antes de ir a cenar, como ya empezaba a anochecer, nos acercamos al Ayuntamiento de Tokyo, también conocido como Tochō, para disfrutar de las maravillosa panorámica de Tokyo de noche que se puede observar GRATIS desde su 45ª planta, a 202 metros de altura.

El edificio está a unos 15 minutos andando desde la estación de Shinjuku y para llegar tuvimos que andaaar y andaaar por largas pasarelas subterráneas infinitas desde la salida oeste de la estación.

Una vez en el ayuntamiento, que solo por su altura ya impresiona bastante, hay que hacer una “pequeña” cola que en función de la hora a la que vayas será más o menos larga y tendrás que aguantar subir apretado en un ascensor con otras 20 personas más, como sabréis los japoneses saben aprovechar al máximo los espacios (no apto para hipocondriacos XD).

Nosotros al ir de noche, hicimos como media hora de cola, pero la espera mereció la pena. Una vez arriba se puede disfrutar de una vista de 365º de la ciudad, que incluso dicen que en días despejados puedes hasta ver el Monte Fuji. Podemos estar allí todo el tiempo que queramos incluso podemos tomarnos algo en la cafetería-restaurante que hay en la misma planta y comprar algún recuerdo en la tienda de souvenirs ya que no hay nadie controlando los tiempos.

Una vez fuera, las tripas empiezan a pedir comida así que nos volvemos a kabukicho para buscar un sitio para cenar.

Acabamos cenando en un restaurante mediocre, nada llamativo desde fuera, pero con un curry japonés muy muy rico. No podemos deciros cómo se llamaba el sitio, porque tampoco aparece en el Google Maps, pero está situado entre una tienda de todo a 100 yenes y un sitio de ramen cuya higiene era un tanto cuestionable.

La cena nos sentó de lujo y nos dio un último chute de fuerzas para disfrutar de nuestra primera noche en Tokyo. Estábamos cansados, pero eso no nos quitó las ganas que teníamos de morir por un ataque epiléptico entre millones de neones y anuncios luminosos que hay en cada edificio, y sobre todo caer en la tentación de probar alguna de las miles de máquinas de ganchos que hay cada dos pasos.

Sabíamos que la probabilidad de conseguir un peluche o cualquier otra cosa era muy muy muy baja pero es imposible irse sin echar un par de monedas.

Así que después de un par de intentos fallidos decidimos dejarlo y guardarnos los yenes para probar suerte el próximo día. Ya era hora de volver al hotel a reponer fuerzas para poder seguir descubriendo la inmensidad de Tokyo al día siguiente.