Dublín: Buscando el oro del Leprechaun

Dublín: Buscando el oro del Leprechaun

Dublín era uno de los sitios que teníamos apuntados en nuestra lista de lugares pendientes. Queríamos visitar tanto la ciudad como la zona rural y es por ello que a principios de Diciembre del 2018 encontramos unos pocos días sueltos en los que poder escaparnos entre semana.

El viaje lo íbamos a comenzar entre semana para volvernos un sábado, de esa manera evitaríamos el follón de las grandes ciudades y podríamos ahorrarnos algo de dinero con el alojamiento. La idea era aprovechar los días menos turísticos para visitar la ciudad más tranquilamente y por supuesto aprovechar para hacer alguna ruta por el campo.

En este post os hablaremos de qué se puede ver en dos días en Dublín y os daremos algunas recomendaciones para disfrutar al máximo de esta maravillosa ciudad.

Aeropuerto y transporte a la ciudad

El aeropuerto de Dublín está muy alejado de la ciudad, por lo que al tiempo del avión se os sumará otra hora de viaje aproximadamente hasta que lleguéis al centro de la ciudad.

Existen pocas formas de salir del aeropuerto, para nuestro gusto no está muy bien comunicado, pero la forma más cómoda es la de pagar el billete de la línea de autobús Airlink Express, el típico servicio de lanzadera que te lleva directamente a una serie de paradas. Nosotros optamos por la opción más barata, el autobús de línea. Depende de la zona en la que necesitéis bajaros, existen dos líneas que salen desde el aeropuerto: las líneas 16 y 41.

Para llegar a la estación de autobuses hay que andar un poquito desde la terminal. Nada más salir de la zona de llegadas hay que atravesar un edificio que se parece a un centro comercial/parking que está justo en frente. Es cuestión de salir a la calle y se ve perfectamente. Una vez sales por el otro lado del edificio ya se ven las paradas de los autobuses.

Nosotros tuvimos que esperar poco tiempo, la frecuencia de autobuses es alta. Tened en cuenta que los billetes se pagan al conductor, y lo más curioso es que solamente se aceptan pagos en efectivo y hay que introducir la cantidad exacta de dinero, no te dan vuelta. Así que si váis en bus no os olvidéis de llevar monedas encima, si no os quedaréis atrapados en el aeropuerto 😱

El precio del billete para nosotros fué de 1.3€, pero dependiendo de lo lejos que vayas te cobrarán más o menos.

Ruta express por el centro de Dublín

Ya era medio día y habíamos dejado las matelas en el hotel, nosotros nos alojamos en un pequeño albergue con habitaciones individuales (Sinclair’s house). El plan de hoy era... ninguno, nos daríamos una vuelta por el centro de la ciudad, callejear y ver los monumentos más importantes. Así que cogimos una mochila y echamos a andar sin ningún rumbo en concreto.

La verdad es que el tiempo no acompañaba mucho, el día estaba oscuro y llovía a ratos pero eso no nos quitó las ganas de andar hacia la zona sur de Dublín, el parque Saint Stephen's Green. De camino atravesamos muchos de los lugares importantes de esta ciudad, como la calle O’Conell Street, famosa por ser la principal arteria de la ciudad y una de las calles más anchas de toda Europa.

También anduvimos por Westmoreland St, que es donde se encuentra el famoso Trinity College y el Banco de Irlanda, y la archiconocida calle Grafton Street que seguro que la habéis visto en muchos vídeos de YouTube por ser uno de los lugares más importantes de la música callejera, aquí vienen muchísimos músicos a tocar. También es una de las zonas de compras más grandes de la ciudad y se concentran multitud de tiendas y centros comerciales. Justo por esta zona podéis visitar el centro comercial St. Stephen's Green, un lugar lleno de cristaleras y luces y en nuestro caso adornado con motivos navideños.

Desde el parque Saint Stephen's Green, continuamos callejeando hacia el Castillo de Dublín, que aunque sea un castillo relativamente moderno, os encontraréis con un jardín llamado Dubh Linn Garden con una historia de lo más interesante. En este punto de la ciudad se establecieron los primeros vikingos, que fueron los que le dieron el nombre a la ciudad que originalmente significaba algo como charca negra.

Justo aquí está la Biblioteca Chester Beatty, que a parte de tener exposiciones gratuitas sobre diferentes temas (en el momento que fuimos había una de manuscritos y libros Japoneses), hay una cafetería con gran variedad de bebidas y dulces, lo que lo hace un buen sitio para tomarse un descanso.

Una vez visto el castillo, seguimos andando en busca del mítico barrio del Temple Bar, en donde tomamos nuestra primera pinta 🍻. La calle molaba mucho, había mucha gente tomando cervezas en los bares y todo estaba adornado con muchísimas luces y motivos navideños.

El bar era enorme, como si hubiesen juntado multitud de tiendas conectadas por pasillos, y en algunas de éstas salas estaban tocando música en directo. Ya veréis que esto es algo muy típico de las tabernas irlandesas y si sabéis a cuáles hay que ir escucharéis auténticos conciertos. Pues aquí nos clavaron 7.9€ por la pinta y 3.8€ por la mediana, es lo que tiene ir a un sitio turístico.

Para finalizar el día seguimos dando vueltas por el centro, esta vez buscando sitios para cenar mientras recorríamos la orilla del río Liffey. Al final nos decantamos por probar las hamburguesas irlandesas en el BóBós Burgers Restaurant. La carne estaba muy buena y aunque no nos decepcionaron, no tienen nada que envidiar a las hamburguesas que comemos aquí 😝

The Book of Kells & Trinity College

Empezamos el día madrugando, y con madrugar me refiero despertarse a las 7:30. ¡Vaya vacaciones! Pero esto tiene su explicación, no estamos tan locos para hacerlo por gusto, y es que compramos las entradas de primera hora para visitar la Biblioteca del Trinity College. Salen algo más baratas si se compran las entradas para primera o última hora.

Una vez allí y desayunando por el camino entramos a la hora exacta, no abrieron la puerta ni un minuto antes. Son muy puntuales estos irlandeses.

Todo esto de levantarse a primesa hora tiene su explicación, y mientras que todo el mundo se entretuvo en la exposición del Libro de Kells, nosotros esquivamos a toda esa gente y nos fuimos directamente a la biblioteca. De esa manera íbamos a poder verla solos, ni ruidos ni gente haciendo fotos.

Esta famosa “Long Room” tiene 65 metros de largo y contiene más de 200.000 de los libros más antiguos de la biblioteca. Merece la pena detenerse un rato a contemplar sus viejas estanterías y recorrer con la mirada las interminables hileras de libros.

También podréis encontrar en esta sala decenas de bustos de mármol de grandes filósofos, escritores e intelectuales del mundo occidental. Y por último, hay que destacar una vitrina de la sala donde se expone el arpa más antigua que se conserva de Irlanda.

Mereció mucho la pena el madrugón, nos encontramos los dos solos en una sala gigantesca llena de libros e infinidad de estanterías. Fue increíble poder estar allí los dos solos sin prisas ni empujones de otros turistas. Luego ya una vez terminamos, volvimos hacia atrás para ver tranquilamente la exposición del Libro de Kells.

Free Tour y repetimos recorrido

Habíamos reservado un free tour de Sandemans por el centro histórico de Dublín. Básicamente volvimos a ver todo lo que vimos el primer día pero mucho más tranquilos y con un guía que nos fue explicando la historia de todo lo que habíamos visto ya: el Castillo y los jardines, la estatua de Molly Malone, el ayuntamiento, la Catedral de Dublín, Temple Bar... En general, lo más importante de la ciudad.

Por si lo queréis hacer, la duración total del tour son unas 3h con una parada a medio camino para tomar una cerveza en un pub.

Fábrica de Guinness y zona oeste de Dublín

Por la tarde habíamos reservado entradas para la Guinness Storehouse, como las entradas tenían hora y nos sobraba mucho tiempo decidimos recorrernos la zona oeste al sur del río Liffey. Un barrio diferente a lo que habíamos visto por la zona céntrica, un barrio obrero/industrial con casas más bajitas y calles más estrechas.

La fábrica de Guinness es el lugar donde originalmente se fabricaba esta conocida cerveza. Ahora mismo sirve como museo para mostrar cómo era el proceso, desde la selección del grano hasta el momento de almacenarla en los barriles y su distribución. La verdad es que el precio de la entrada es algo excesivo para lo que es la visita, básicamente consiste en recorrer las instalaciones por tu cuenta (a ciertas horas hay guías gratuitos en inglés) y tomarte una pinta en el bar de la última planta que tiene vistas de 360º de la ciudad.

Como os imaginaréis, el bar está lleno de gente y encontrar un hueco cerca de las cristaleras es complicado.

Música en directo, pintas y pubs

Por último, os queríamos hablar de un sitio increíble que nos recomendaron para ir. Uno de los pubs más antiguos de la ciudad en donde la cerveza corre como si fuesen ríos y la música en directo alegra el ambiente. Este sitio se llama The Cobblestone, y nos gustó tanto que repetimos 2 de las 3 noches que estuvimos allí.

El sitio está en la zona oeste de la ciudad en la parte superior del río Liffey (ubicación). Es un pub bastante pequeño y estrecho pero muy acogedor, con la barra y las paredes de madera y lleno de fotos e imágenes de hace muchísimos años con fotos de personas reconocidas del mundo de la música tradicional irlandesa.

En el tiempo que estuvimos pasaron varios músicos por el local, tenían un espacio reservado y muchos de ellos llegaban y se sentaban a tocar con los que ya lo estaban haciendo, rotándose e intercambiando canciones continuamente. Este pub es Irlanda en estado puro, con sus paredes llenas de historia, por lo que merece la pena echar unas horas de cervezas en este lugar.