Dublín: De excursión a Howth

Dublín: De excursión a Howth

Es nuestro tercer día en Dublín y necesitábamos un cambio de aires: salir de la ciudad, ver algo de campo, darnos un paseo alejados del bullicio de la ciudad, ...; ¡Hoy tocaba irnos de excursión a Howth!

Nos despertamos con muchas energías y el día no podía haber empezado mejor, un sol espléndido y ninguna nube visible. Era el tiempo perfecto para hacer una ruta por los acantilados y pasarnos el día entero paseando.

Preparativos

Como siempre hacemos, para no perder mucho tiempo y poder salir prontito antes de que el resto de turistas se pongan las pilas, salimos del hotel y compramos algo de desayunar en un súper para ir desayunando por el camino. Qué de vida hay por las mañanas en el centro de Dublín, estamos en viernes y todo el mundo está corriendo de un lado para otro para ir a sus respectivos trabajos y obligaciones. Para ir a Howth el camino es muy sencillo, la forma más cómoda de ir es en tren. Así que en nuestro caso ponemos rumbo a la estación de ferrocarril de Tara, en uno de los laterales del río Liffey.

Howth originalmente era un pequeño pueblo pesquero situado al este de Dublín, en un pequeño cabo lleno de acantilados que hacen frontera con el mar.

Coger el tren no tiene pérdida, en esta estación únicamente hay dos andenes y solo en uno de ellos sale el tren hacia Howth por lo que no hay más que mirar el cartel que está justo antes de enrar al andén y problema resuelto. El coste del billete no es nada caro si lo comparamos con Madrid, poco más de 6€ ida y vuelta (recordad que sale un poco más barato comprando los dos trayectos) y se hace muy corto y ameno, son unos 20km de distancia desde Dublín. En apenas 20 minutos ya habíamos llegado a la estación de Howth y para nuestra sorpresa hacía un aire muy fuerte, es lo que tiene estar tan cerca del mar.

Senderismo por Howth

Se notaba que nos habíamos alejado de la ciudad, el aire era súper limpio y el ruido que tienen las grandes ciudades era prácticamente nulo.

Llegamos tan pronto que incluso los pescadores andaban por el puerto amarrando y descargando sus barcos. El plan de hoy era tomarnos el día con calma, hacer un poco de senderismo, visitar el pueblo, el castillo y la abadía, y disfrutar de un día de descanso sin prisas ni rutinas.

El clima de Dublín es muy cambiante, y aunque hiciese mucho aire el sol calentaba y no se veía ninguna nuve en el cielo. Antes de ponernos a ver el pueblo decidimos hacer la ruta por los acantilados, mejor aprovechar que hacía buen tiempo ya que nunca se sabe cuándo va a empezar a llover. Y menos mal que lo hicimos así, ya lo veréis.

Encontrar el camino a las rutas de senderismo es muy sencillo, nada más bajar de la estación hay carteles que indican las 4 diferentes rutas que se pueden hacer, todas ellas categorizadas y señaladas por colores, kilometraje y nivel de dificultad. Como todas las rutas empezaban por el mismo sendero no decidimos cuál escoger y es que todas tienen en común el primer tramo, bordean los acantilados que están a las afueras del pueblo. El plan consistiría en echar a andar, y según el cansancio ya decidiríamos cuál iba a ser nuestro camino.

Nada más comenzar el camino empezamos a subir una cuesta muy larga rodeada de pequeñas casitas independientes. El ambiente era súper agradable: una carretera bien asfaltada, sin coches ni gente, casitas de piedra de no más de un piso de altura, muchas plantas y flores, y sobre todo las vistas desde tan alto eran increíbles. Se divisaba todo el pueblo y el puerto desde arriba.

A medida que avanzábamos se nos hacía algo más extraño el recorrido, se supone que íbamos a ir por los acantilados pero no veíamos más que casas y carreterillas de montaña. Hasta que de pronto se acabó el camino con una gran señal de peligro, ahora sí que parecía que empezaba el verdadero sendero. Y esto que nos encontramos sí que se podría llamar camino de cabras, el sendero era súper estrecho y estaba lleno de piedras sueltas y barro pero eso no nos iba a detener. Nos apetecía pasar un día en el campo y un poco de barro no iba a ser un impedimento.

Antes de continuar nos dimos la vuelta para ver el pueblo desde donde estábamos, la altura era considerable, y para nuestra sorpresa vimos que se acercaba una nube negra muy muy fea, parecía que el tiempo fuese a cambiar de repete. El pueblo se veía muy bien y las vistas eran estupendas, pero a lo lejos se podía ver la perfecta cortina de agua que estaba cayendo, el tiempo nos lo iba a poner algo más difícil 🌧️. Y aquí fue cuando comenzó la diversión, nos planteamos dar la vuelta y volver al pueblo antes de que llegase la cortina de agua, pero volver significaba no disfrutar de nuestro día de senderismo y pasarnos el día bajo la lluvia y no estábamos por la labor de desaprovecharlo. Era un poco de agua ¿qué nos iba a pasar?

Pues efectivamente no nos pasó nada a parte de empaparnos, pero de verdad que el recorrido mereció la pena. El sendero va justo por el borde del acantilado (sin vallas, ni caminos asfaltados, con algunos agujerillos por medio y muy estrecho). Así que si váis a hacerlo recordad ir preparados con zapatillas que agarren, ropa cómoda y algo que no absorba el el agua. Al final nos decantamos por la ruta de color rojo, no era la más larga pero fueron 11km de caminos por todo tipo de paisajes: acantilados, bosques, mesetas, praderas; algunos escenarios parecían sacados de las películas de fantasía e incluso de la mítica Bravehearth. En total nos llovío unas 4 o 5 veces durante el recorrido, y por supuesto acabamos con las zapatillas encharcadas, la ropa mojada y llenos de barro, pero de verdad que no tiene ningún desperdicio el recorrido.

Hora de comer

Una vez acabados los 11km y de vuelta en el pueblo era hora de sentarnos un rato y comer. Estábamos agotados y empapados así que lo mejor sería entrar a algún restaurante a calentarnos un poco. Habíamos leído que Howth es un pueblo pesquero así que era hora de probar el pescado Irlandés.

Buscamos por internet y leímos de un pub que servían un fish & chips fabuloso y como nunca lo habíamos probado decidimos darle una oportuninad. A nosotros nos parecía comida rápida y nunca nos habíamos ni planteado el comerlo, pero si le daban tan buenas opiniones sería por algo. El sitio en cuestión era “The Bass Monkey”, está en pleno puerto y aunque la comida esté muy rica el precio es muy alto para lo que estamos acostumbrados a pagar por un restaurante.

Comimos una sopita de tomate con especias para entrar en calor, el famoso fish & chips, que la verdad es que no me imaginaba que estuviese tan bueno (nada que ver con lo que habíamos visto en los sitios de comida rápida) y para teminar unos mejillones en salsa picante. También aprovechamos y ya que en Dublín hay tanta tradición cervecera probamos dos cervezas locales de Howth, no nos acordamos de los nombres pero no estaban mal, algo más densas y pesadas de las que estamos acostumbrados a beber en España.

 Otros lugares de interés

Después de comer seguimos visitando los otros sitios más turísticos de Howth y decidimos empezar por el Castillo de Howth.

La verdad es que nos decepcionó un poco cuando llegamos, el lugar es como un parador de Golf y escuela de cocina que ha aprovechado el antiguo castillo para establecer los negocios. o capilla** cubierta de árboles y plantas que parece que se ha quedado estancada en el tiempo.

A nuestro parecer, el castillo está un poco descuidado y le faltaba algo de mantenimiento. Por la misma zona del castillo había también un museo de carros de guerra con multitud de caminones, tanques y cañones. Y por último, antes de llegar al castillo, escondida entre la maleza, hay una especie de **hermita

Por el pueblo ya os podéis imaginar lo que hay, muchas calles muy empinadas llenas de casitas de colores y pequeños negocios. Es un paseo muy agradable y si tenéis tiempo podéis acercaros a la ruinas de la iglesia de Santa María. Es una iglesia muy grande rodeada por un cementerio muy antiguo, lleno de lápidas dignas de una peli de terror.

En cuanto al espigón se pueden dar paseos para ver las vistas marinas. También dicen que cuando hace buen tiempo se pueden ver y dar de comer a los leones marinos. Nosotros no los pudimos ver y es que hacía muchísimo viento, casi que podíamos salir volando.

De vuelta a Dublín

Antes de irnos al hotel, nos apetecía escuchar algo de música Celta en directo. Es por ellos que decidimos acercarnos a The Brazen Head, un pub enorme en donde suele haber gente tocando música en directo. Cuando llegamos estaba llenísimo de gente, no había sitio ni para sentarse en la barra y tampoco había nadie tocando en ese momento. Al final decidimos irnos porque no había sitio para sentarse y había muchísimo ruido, pero no nos íbamos a rendir tan fácilmente. Así que como el día anterior nos había gustado tanto el Cobblestone, volvimos para tomarnos una última pinta y escuchar música en directo.

Por cierto, antes de que se nos olvide, no olvidéis pasaros a tomar algo por The Church, es una antigua capilla que han transformado en un pub. Es curioso estar dentro tomando cervezas con la ambientación y las vidrieras de una antigua iglesia.